Visualizando tendencias en el barrio de Malasaña, Madrid

 Texto por Cristina Abella:

En la última edición de la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid conocí a Timoteo Cano, periodista, coolhunter y director de la revista TheoModa Magazine, gran analista de tendencias y con quien hoy, tras esa intensa semana de focos y tacones altos, tengo la suerte de colaborar.

Como primera sugerencia, Theo me pidió que escribiese mi opinión sobre la moda en mi zona de Madrid, sobre cómo visten las mujeres del Barrio de Salamanca y qué prendas son, según mi criterio, las que nunca faltan en sus vestidores de techo alto y vistas al parque del
Retiro. Sin embargo, he preferido alejarme un poco de esta zona residencial donde la mujer tiene un estilo más clásico y tradicional, para hablar sobre el estilo vanguardista y creativo del barrio de Malasaña, la cara londinense de Madrid, una zona de la capital donde la gente mete parte de su esencia personal en las prendas.

Un corto paseo desde la Plaza del Dos de Mayo, pasando por Juan Pujol y la calle Espíritu Santo, puede despertar hasta el más ensimismado. Por un lado tenemos las altas plataformas, los taconazos de Au Revoir Cinderella, los pitillo encerados de talle alto junto a las camisetas de algodón con dibujos llamativos XXL, las sudaderas con mensajes que se comunican por sí mismas, las chaquetas bomber de segunda mano compradas en Flamingos Kilo, las bandanas revolucionarias atadas a las muñecas de las chicas, los bolsos de cuero antiguo rasgado y las gafas de sol estilo Brigitte.

IMG-20180330-WA0018

 @mirandamakaroff

Por otro lado, podemos encontrar artistas que se recrean metidos en sus abrigos largos y sus jerseys de cuello vuelto, con mocasines de aspecto viajado, vaqueros clásicos despuntados, libros en la mano, y la melena despeinada como quien dice ‘aquí no ha pasado nada’.

IMG-20180330-WA0021

  @aranzatrendy

El contraste es el pan de cada día. Malasaña supone una zona donde la gente se atreve, donde los madrileños se juntan con los berlineses, donde los innovadores se recrean y donde cada quien, siguiendo su esencia, bebe café regalando paz o deambula pidiendo guerra.

Este barrio es tan polifacético como le permite su identidad, y el poder camaleónico que tiene es el rasgo que lo hace especial. Un oasis en medio de la capital donde la gente comparte arte, comparte ideas y comparte moda; donde la atmósfera es vibrante, donde los colores se mezclan sin importar si algo pega o no, y donde quienes jamas creerías que pueden juntarse, ni lo que jamás creerías que puede combinarse, te sorprende.

IMG-20180330-WA0019

 @mscastroides

Desde los hippies que comen falafel con alioli vegano, hasta los hipsters que ahogan penas en vermuts en Casa Camacho; desde los estudios de bikram yoga al temblor de los suelos de Sirocco ajetreado; desde garitos como El Paracaidista o La Bicicleta que siempre están animados, al hotel boutique Abalú con su encanto y silencio máximo. Malasaña es todo un barrio que no duerme, con atmósfera vehemente, que acoge a todo el mundo y donde la gente, viste como quiere.

Y no, no es la calle Serrano, ni la formalidad de Velazquez, ni es el ambiente de Goya acelerado. Se aleja del lujo y de los brillos, de los bolsos damero de Vuitton o los pañuelos de Hermès, de los zapatos planos, los calcetines de rombos y el corte de pelo francés. Aquí, un poco más allá de Chueca, empiezan las calles donde todo vale. Donde el aire sofisticado lo da una rubia de converse desgastadas. Donde la moda es una pasada.

Screenshot_20180331-195036

IMG-20180330-WA0020

  @lupesvintage

Aquí lo exclusivo no se exhibe con logos, la imaginación es la máquina que define tu estilo, el ante se mezcla con el vinilo, y las chicas en tirantes son capaces de llevar guantes. Y justamente es esto lo que hace única a Malasaña: el hecho de no seguir patrones, de no rendir cuentas a otras opiniones. En esta cara de Madrid se respira confianza. Se huele el ambiente de gente consciente de lo que lleva puesto. Mientras por aquí se pasean chaquetas vintage de cuero, por allí vemos ecopieles en faldas cortas, hermanas de las medias rotas y uñas rojas. No hay edades, no hay límites, no hay reglas. Los normales son los raros. Las personas se sienten seguras y se alejan de lo ordinario.

IMG-20180330-WA0022

  @mirandamarakoff

Y como diría Theo Cano: ‘ellos nunca miran hacia abajo si no es para mirar sus zapatos’.

Cristina Abella

Publicado en: Actualidad