La Doctora Mª José Martínez, creadora de Archangela, comparte sus rutinas y secretos de belleza a lo largo de los años

En mi adolescencia no tenía una piel maravillosa.
Mi piel era mixta y de vez en cuando algún granito aparecía en el lugar más inoportuno. Lo malo de ello es que yo, con frecuencia los rascaba  y terminaba haciendome lesiones que dejaban marcas, de las cuales mi piel todavía tiene un leve recuerdo.
Esto no es muy ejemplarizante, pero me sirve para recomendar categóricamente la limpieza cuidadosa y evitar tocar cualquier lesión de acné.
Por suerte, tengo una madre que siempre dio mucha importancia al cuidado del cutis y me llevó a alguna buena esteticista que me grabó para siempre el ritual de limpieza que ha determinado la evolución de mi piel.
También a esa edad concedía especial poca importancia a hidratar y proteger del sol la piel pensando que los productos la engrasaban y ensuciaban; hasta que logré entender que la hidratación adecuada facilita incluso la cicatrización y evolución correcta de las lesiones de acné.
A los veinte años ya tenía conciencia de la importancia de una alimentación sana para el cuidado de la piel. Y aunque a esa edad las hormonas juegan malas pasadas, con una dieta cuidada y el adiós al tabaco, fui entendiendo cómo comprender mi cuerpo y mi piel y cómo encontrar los cuidados que iban bien.
A pesar de todo, en esa época, cuando yo era adolescente, tomábamos el sol con avidez y poca protección y la piel rápidamente se encargó de lucir unas manchas que se vieron agravadas posteriormente con los embarazos.

La verdad es que nunca me ha encantado tomar el sol y menos en la cara, pero desde que (aparecieron las manchas en mi piel empecé a utilizar cremas de muy alta protección incluso antes de que esto fuera lo que se aconseja para todo el mundo.
Las manchas en la piel me han atormentado desde que yo recuerdo y he hecho todo lo posible para evitarlas y eliminarlas. He usado peelings químicos cuya continuidad en su uso da muy buenos resultados: iluminan, limpian, quitan las capas de células muertas y la piel queda espectacular. La clave es elegir el adecuado a cada momento, estación y tipo de piel.
Ahora provoco la risa cuando hablo de mis manchas, la gente me mira extrañada porque no tengo tantas realmente, pero en mi mente siguen ahí o por lo menos la amenaza de su aparición.
Como resultado, todas mis fórmulas tienen agentes superprotectores, unificadores del tono y antimanchas aunque no haya ningún producto específico para ello.
Entre los veinte y los treinta, ya era bastante constante en el cuidado del cutis, aunque no siempre la limpiaba tanto como debía, cosa que ahora no me permitiría.

Y, aunque siempre he utilizado buenos productos, a veces he eludido cierta hidratación porque en mi cutis, entonces mixto, temía que me produjese granos o piel grasienta que detestaba. Ahora, sé que la clave no es no hidratar, sino elegir el producto adecuado que cumpla esa función para ese tipo de piel y que proteja. Una piel bien hidratada y nutrida cicatriza mejor y su metabolismo se completa con mejores resultados.
También solía utilizar mascarillas y peelings mecánicos uno o dos días por semana, aunque a veces he utilizado exfoliaciones demasiado vigorosas y he lesionado mi piel con la falsa idea de que esto iba a afinar más el poro. Hay que elegir el punto justo de presión y el grosor adecuado del grano del exfoliante para que la piel quede limpia e iluminada pero no excesivamente desnuda o desprotegida porque entonces también es más vulnerable.

De lo que tomé plena conciencia con el paso de los años es de lo sensible que es la piel al sueño o a la falta de él.  Cualquier noche de estudio interminable o día de poco o mal dormir se reflejaba en mi piel de inmediato. Me levantaba con más manchas, piel opaca, poro abierto y tez grisácea. Una pena.A los treinta empecé a corregir los errores que antes comentaba y también comencé a nutrir el cutis por la noche con productos más concentrados y con aceites que elaboré yo misma y probé en mi piel. Fueron mi gran descubrimiento.A partir de los cuarenta fui introduciendo las curas intensivas para paliar daños en la piel, en mi caso producidas, no tanto por el sol, que evito, sino por falta de sueño (en mi trabajo las guardias a veces me privan de esto tan importante para el organismo).
Esto lo he venido haciendo con el uso más frecuente de mascarillas, productos de rescate durante 10 días… y algún tratamiento médico interno o externo (como el plasma rico en factores de crecimiento) y algún ejercicio facial. En esto del ejercicio facial tengo que decir que soy inconstante y solo lo hago cuando me acuerdo. Muy mal ejemplo.En la actualidad y en mi día a día sigo limpiando mi piel con regularidad y la exfolio con cierta frecuencia; también me hago de vez en cuando un peeling químico médico, aunque por falta de tiempo, menos de lo que debería.

Uso la protección de los productos de ARCHANGELA para el día a día, ya  que con su antileukina y sus aceites llenos de carotenoides y fitosteroles, garantizan una buena protección del sol y antioxidación. Y si uso base de maquillaje, me aseguro de que tenga protección solar. Yo camino mucho al aire libre porque hago trayectos al trabajo andando; por ello, doy mucha importancia a la protección y antipolución. Este tema lo estoy explorando de manera más específica haciendo uso de los beneficios de la naturaleza de cara a los nuevos proyectos de Archangela. En general, soy muy exigente con los productos que utilizo, que deben adaptarse a mi propia naturaleza y a mi tipo de piel. Así que, aunque no me ponga 20 capas como una mujer coreana joven, yo con la madurez voy utilizando unos cuantos productos antes de salir de casa: el Jabón Exfoliante de Cítricos, el Agua Reveladora varias veces al día, algún sérum o producto en estudio, el Aceite de la Reina, la Crema de Arroz Malva y Vid Roja y el Fluido Fitoaromático. Y siempre termino repitiendo la aplicación del Agua Reveladora. Y esto mi piel lo agradece y nunca me produce grasa ni exceso de brillos. Así que considero que es el alimento perfecto. Por la noche, me aplico algún sérum de un nuevo desarrollo y siempre el Aceite de la Reina; a veces, incluso pongo un poco de Fluido Fitoaromático sobre el aceite si quiero que se absorba antes.Además, por supuesto, cuido la alimentación y salud intestinal, la cual considero imprescindible (con el uso de probióticos) para lucir una piel impecable. Cuando tengo guardia y mi piel acusa la falta de sueño, intento activarla con alguna mascarilla tras una buena exfoliación. Y luego el Fluido Fitoaromático, que da mucha luz, aunque la falta de sueño es implacable. Si no recuperas durmiendo bien, la piel termina ajándose. Bebo durante todo el día una considerable cantidad de tés y rooibos con diferentes especias o hierbas aromáticas. Y siempre calentito.
Siento que me da vida incluso en verano.

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